41. El rescate
La bruma espesa de la villa se había convertido en un manto opresivo, dificultando la visión y añadiendo una capa de irrealidad a la tensa persecución de Carmenza. Nathaniel, apretando los puños con rabia e impotencia, seguía de cerca a los oficiales que se abrían paso con dificultad entre la vegetación. El grito desgarrador de su hija al ser arrastrada por su madre resonaba en sus oídos, un eco doloroso de la desesperación que lo impulsaba.
La carrera por el terreno empinado era peligrosa. La