38. Silente
Cinco lunas llenas y menguantes habían pasado desde aquella noche que había conocido mejor a su esposo, cuatro más cuando la mano helada del terror lo había arrancado de su vida. Los rescoldos de la crisis con Nathaniel, que en su momento habían ardido con la intensidad de un volcán doméstico, ahora eran cenizas frías, insignificantes ante la gélida realidad de su cautiverio en esta casa italiana olvidada por el tiempo. La venganza de Carmenza, la tía cuyo corazón parecía haberse petrificado en