Aquello fue como recibir un golpe físico en pleno rostro. Me quedé sin respiración, con las lágrimas nublándome la vista, sintiendo el desprecio de Noah como una costra ácida que me quemaba la piel. Sin embargo, en medio del dolor, en medio de la humillación colectiva que estaba sufriendo en esa biblioteca, un destello de la Emma profesional, de la mujer que había jurado sacarlo de esa silla, se encendió en mi mente. Recordé la mañana. Recordé al doctor Baldini, los exámenes, la cirugía que se