Narrado por Emma
No alcancé a llegar a la puerta. No pude dar el paso definitivo que me sacara de esa biblioteca, porque mis piernas se convirtieron en piedra y el aire se congeló a mi alrededor. Mis propias palabras, la confesión final que dejaba al descubierto mi pasado con Stefano, se quedaron suspendidas en el espacio, pesadas y venenosas como una neblina de azufre.
Detrás de mí, el silencio duró apenas un segundo, pero fue el segundo más largo y aterrador de toda mi vida. Esperé un grito,