—No… no puede ser —susurré, mi voz resonando como un eco de pánico en las paredes de azulejos blancos.
Mi mente voló de inmediato a esa noche mágica en la habitación este de Val-de-Lune. La noche en que Noah me había tomado entre sus brazos con una adoración salvaje, la noche en que me había susurrado que me amaba con el pecho temblando contra el mío. Recordé con una nitidez aterradora el momento en que sus manos grandes me retuvieron contra el colchón y su voz ronca me dijo que no quería usar