**Narrado por Emma**
El frío de la lluvia toscana no se sentía en la piel; se sentía directamente en los huesos, como agujeros de aguja que me perforaban la carne a cada paso que daba por el sendero embarrado. El agua caía con tal violencia que los viñedos a los lados del camino parecían fantasmas verdes retorciéndose bajo el castigo del viento. Apenas podía ver a unos metros de distancia. Mis zapatos se hundían en el lodo, pesados, duplicando el esfuerzo de arrastrar una maleta que contenía lo