—Mateo… por favor —le pedí, extendiendo mi mano hacia su brazo, apretando la tela de su chaqueta con desesperación—. Tienes que cuidarlo. No lo dejes solo esta noche. Asegúrate de que coma algo, aunque tengas que obligarlo. El doctor Baldini dejó unas indicaciones médicas sobre la mesa del despacho para los exámenes preoperatorios. La cirugía en Milán es vital para sus piernas. Si él decide cancelar la operación por mi culpa, si decide quedarse postrado en esa silla solo para castigarse a sí mi