Capitulo 13 Mi culpa

Mateo la cargó en brazos. Ella se veía tan pequeña, tan frágil. Su cabeza colgaba hacia atrás y su piel, usualmente cálida y llena de vida, tenía un color grisáceo que me heló la sangre. Cuando Mateo la depositó en la parte trasera del carrito, me estiré todo lo que pude, agarrándome de los soportes, hasta que logré alcanzar su mano.

Estaba fría. Demasiado fría.

—Emma..

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