Narrado por Emma
Me quedé allí, petrificada, con la mano sobre el corazón intentando que no se me saliera por la boca. Lo que vi no fue el cuerpo de Noah tendido en la tierra, ni un hombre luchando por su vida. Lo que vi fue una escena que parecía arrancada de los sueños que yo misma me prohibía tener.
Bajo el viejo roble, Noah no estaba solo. Estaba sentado sobre una manta de cuadros extendida cuidadosamente sobre la hierba, rodeado de pequeñas linternas de aceite que proyectaban una luz cálid