ADRIANO
Entré en la sala en silencio. Dalia dormía profundamente, agotada después de la batalla que había dado. Su respiración era tranquila, el pecho subía y bajaba con ritmo pausado. Me incliné hacia ella, besé su frente con cuidado y me quedé unos segundos observándola, asegurándome de que todo estuviera bien.
Mi flor estaba a salvo. Nuestra familia estaba completa.
Decidí salir a buscar a Jacke. Quería decirle que ya era tía, que los trillizos habían nacido. Caminé por el pasillo todavía co