Mi mente hecha un caos.
ADRIANO
Me senté en la sala de espera con las manos todavía frías por la tensión. El corredor olía a desinfectante y a café sin terminar; el ruido de las conversaciones era un murmullo constante que no alcanzaba a mitigarme la urgencia en el pecho. Me apoyé un momento en una pared y respiré hondo: necesitaba respuestas, pero también necesitaba ver a mi madre y a Jacke, y saber cómo estaban mis hijos.
Caminé hacia la sala de neonatología. A través del vidrio observé a Jacke y a mi madre frente a