Volviendo a casa.
Llegar a la mansión fue como respirar por primera vez en días.
Aún olía a pintura y a madera nueva. Las paredes relucían, las ventanas eran nuevas y los escombros habían desaparecido. Gael, Noah y Paolo habían hecho milagros en tres días.
Noah y Paolo estaban en la entrada, revisando planos en una tableta, mientras Gael daba órdenes a los últimos trabajadores.
Paolo fue el primero en vernos: yo con una sillita de bebé, Jacke con otra y Alessandro, a regañadientes, cargando la tercera. No podía