DALIA
Estaba sentada en la sala, con la mano en el vientre, acariciando suavemente la curva que crecía cada día más. Jacke me acompañaba, haciéndome reír con alguna tontería mientras me alcanzaba un cojín para apoyar la espalda. Todo parecía tranquilo… hasta que la puerta principal se abrió de pronto.
El golpe resonó como un trueno en la mansión. Alessandro entró con pasos largos, la mandíbula apretada, los ojos grises oscuros como tormenta. No dijo hola, no miró a nadie. Solo se detuvo frente