ADRIANO
La explosión me sacó del sueño como un zarpazo. Se me heló la sangre en las venas antes de que mis músculos respondieran.
—¿Qué fue eso? —dijo Dalia, sentándose a mi lado en la cama, los ojos enormes, la respiración hecha pedazos.
Me incorporé de un salto.
Me calcé los pantalones y las zapatillas sin pensar. Corrí a la ventana y vi cómo una columna de humo se elevaba hacia el cielo sobre la reja oriente. Luces, sombras que corrían, destellos de disparos: nos estaban atacando.
—Nos están