DALIA
Llegamos a la iglesia. Había mucha gente que no conocía.
Nos bajamos del auto y, entre la multitud, vimos a Lía, vestida con el mismo tono rosa pálido que teníamos nosotras. Llevaba un peinado alto y mechones de su cabello blanco caían sobre sus hombros.
A su lado estaba su esposa, con dos hermosos bebés de más o menos un año.
No pude evitar gritar.
—¡Líaaaa! —corrí hacia ella, que sostenía a uno de los pequeños.
—Aaww, Lía, ¡son hermosos! —dije. Tal como había contado Lena, uno de ellos