JACKELINE SMITH
La boda era perfecta. Desde mi asiento, con una copa en la mano, no podía dejar de sonreír al ver a Dalia resplandeciente junto a Adriano. Mi prima… mi hermana de vida. Me costaba creer que aquella niña con la que compartí juguetes, secretos y lágrimas ahora estaba bailando en el centro del salón, en brazos de un hombre que parecía adorarla como a un tesoro.
Me acomodé en la silla, lanzando un suspiro largo. A mi lado, Analena observaba la pista con ojos entrecerrados.
—Definiti