ADRIANO
El aroma dulce se colaba por todos los rincones del salón. Vainilla, chocolate, frutos rojos… un desfile de olores que hacían imposible no sonreír. Frente a mí, la mesa estaba cubierta de pasteles de todos los tamaños y colores, una obra de arte azucarada que el pastelero había dispuesto con precisión quirúrgica.
Apoyé un codo en la mesa, observando cómo Dalia miraba cada opción con un brillo en los ojos que no le había visto desde que era niña. Esa emoción pura, limpia, era justo lo qu