ADRIANO
El sol de la mañana entraba tibio por el parabrisas. Dalia iba a mi lado, con esa sonrisa suave que me había regalado cada día desde que volvimos a vivir juntos. Llevaba los pasteles en la parte de atrás del auto, envueltos con el mismo cuidado con el que ella parecía envolver mi vida: con amor, con dulzura, con esa dedicación que me desarma.
Mas de una semana. Solo habían pasado 10 días desde que la traje de vuelta a la mansión… y ya no recordaba cómo era vivir sin despertar con ella a