Conversación entre hombres.
ADRIANO
Alessandro entró serio, como siempre.
Yo me senté detrás del escritorio mientras servía tres whiskys.
El hielo tintineó en los vasos; el silencio pesaba como plomo.
—Bueno —dije al fin, apoyando el vaso sobre la mesa—. Aquí estamos solos. Dime, ¿qué necesitas hablar?
Valerio respiró hondo y miró a Alessandro.
—Alessandro —comenzó—, sé que fomenté que tu madre hiciera todo eso contigo y con Alessia.
Y lo hice… porque estaba enamorado.
Mi primo apretó la mandíbula y yo también.
—La muerte