DALIA
Dio un paso hacia mí, y mis dedos, como si tuvieran vida propia, se enredaron en la chaqueta de su smoking. Tiré suavemente, acercándolo más, hasta que nuestros labios se rozaron de nuevo.
—Te extrañé… tanto —confesé apenas en un suspiro.
Su respuesta fue inmediata: un beso profundo, desesperado, que me dejó sin aire. Mientras mi boca se rendía a la suya, mis manos trabajaban en la chaqueta, soltándola y dejándola caer al suelo, para seguir con los botones de su camisa.
Él llevó sus manos