DALIA
El té estaba casi frío y el pastel reducido a unas migas en el plato, pero ninguno de los dos parecía notarlo. Adriano se había quedado observándome todo el rato, como si intentara grabar cada movimiento, cada expresión, en su memoria. El corbatín de su smoking estaba fuera y su camisa abierta en los primeros botones, aun así se veía perfecto.
Cuando se levantó para irse, lo acompañé hasta la puerta. Pensé que se despediría con un beso suave, como antes. Pero en cuanto mi mano tocó el pic