Helena necesitaba aire. Necesitaba escuchar voces que no fueran las de Máximo, ni las de las serpientes que se disfrazaban de familia. Necesitaba a las suyas.
Helena respiró hondo. Y entonces habló. Habló durante más de una hora, desgranando cada detalle de los últimos días: el plan de Máximo para reconquistarla, sus recaídas, la falsa demanda, la amenaza de Mónica y Jimena. Habló hasta que su voz se quebró y las lágrimas comenzaron a brotar.
Clara apretó su mano.
—No tienes por qué decidir ahor