Jimena estaba en la sala de su casa, con una copa de vino en la mano y una sonrisa de satisfacción en los labios. El plan con Mónica estaba funcionando. Helena estaba al borde del colapso, y su hijo, aunque terco, eventualmente entendería que ella siempre había tenido la razón.
El timbre de la puerta la arrancó de sus pensamientos.
—Abra usted —le dijo a la sirvienta, sin levantarse.
Pero cuando la puerta se abrió, Jimena sintió que el vino se le atragantaba en la garganta.
Valentina.
Su hija ma