Capítulo 18 Las auto mentiras y la claridad.
Mientras tanto, en la casa de Jimena, Mónica y la matriarca se reunían en la penumbra de la biblioteca. Sus rostros eran máscaras de determinación, y en sus ojos brillaba un plan que llevaban días tejiendo.
—Ha vuelto a fallar —dijo Mónica, con una sonrisa de satisfacción. —Máximo llegó tarde y borracho. Helena está furiosa.
—Lo sé —respondió Jimena, con una copa de vino en la mano. —Mi hijo es débil. Siempre lo ha sido. Por eso necesita que lo guíen.
—Y lo guiaremos. Pero esta vez, tenemos que