Era uno de los días más esperados desde que habían planeado tener otro bebé.
Fue una decisión bastante responsable de parte de ambos, ya que Chiara estaba en un buen momento de su carrera y, como empresaria, un embarazo era algo que tenían que planear, no una sorpresa que llegara de un día para otro.
Ambos tenían una vida muy ocupada, pero había llegado el día de darle un hermano o hermanita al pequeño Dav.
Aunque ya no era tan pequeño, tenía cinco años.
Era un niño hermoso, con esos enormes ojos grises, su cabello tan negro y aquella mirada de ángel.
Chiara, recostada en la camilla, sostenía firmemente la mano de Daniele. A su lado estaba Dav, observaba con una mezcla de asombro y confusión las acciones de la doctora, que suavemente deslizaba el transductor por el vientre de Chiara. El niño parecía una versión en miniatura de Daniele. La mirada de preocupación en su rostro delataba su inquietud ante la situación inusual. A pesar de habérsele explicado el motivo de estar en el hospita