—El doctor ha venido, pero ha sido algo rápido— dijo Nico, recostado a una pared junto a la cama de su madre—. Dante ha salido a hacer una llamada. ¿Está todo bien?
—Sí, todo está bien— dijo, evitando la mirada curiosa de su hermano.
—No lo parece.
—Pero ya te dije que todo está bien, ¿no?
Nico se acercó a su hermano, dejando sus manos sobre sus hombros.
—Pero parece que nada está bien, Daniele—Este se mordió el labio, evitando decir nada, no quería hablar sobre ella, Chiara se acababa de ir luego de que él le destrozó el corazón sin explicación aparente. Realmente no quería hablar sobre el tema, pero todo estaba allí, encerrado en su pecho, encerrado en él. Viendo que Daniele se negaba a decir nada, Nico decidió abrazarlo—. Sea lo que sea, seguro que puede arreglarse.
—No, no puede arreglarse, nada tiene arreglo.
—¿Qué ha pasado? — preguntó una vez más. No deseaba insistir, pero entendía que, quizás, lo que Daniele necesitaba era un pequeño empujón para desahogarse, lo veía en su ros