Nico
A las diez de la mañana, mi casa ya estaba llena, sin que yo planeara nada, sin que yo los invitara.
¿Cómo se atrevían a invadir mi casa sin previo aviso?
Lo que menos necesitaba el día de hoy era compañía, quería estar solo, necesitaba estar solo, ordenar mis ideas y procesar lo que estaba pasando conmigo y Trish.
A mí nadie me contó de estos planes, de pronto alguien tocó al timbre, me levanté a abrir la puerta y ellos invadieron mi espacio, sin pedir permiso. Estaban aquí y no parecían tener prisa por irse.
Supongo que eso era lo mismo que yo hacía con ellos cada vez que me daba la gana.
Realmente era un completo desastre, ahora me daba cuenta de que no era tan agradable como se veía en mi cabeza.
Vocecitas de niños, cosas cayéndose al suelo, ruido, ruido, ruido. El único sonido que solía haber en mi casa era el de los gemidos de una mujer.
—¡Qué horror! —grito desde el sofá, mirando todo a mi alrededor.
Chiara arroja un trozo de zanahoria hacia mí, justo dando en mi cara.
Mal