Nico
La oficina está en completo silencio, salvo por el sonido de los teclados y el ocasional suspiro de frustración que sale de mi boca.
Agatha está sentada en su escritorio, revisando papeles con la meticulosidad de un cirujano, es tan precisa que nunca se equivoca en nada, supongo que algo se me está contagiando de ella.
No pasa mucho tiempo antes de que nuestra pacífica convivencia se rompa, como siempre.
Aún no es mi fuerte estar tranquilo, por más que me empeñe en mejorar mi comportamiento y hábitos, hay cosas que jamás las podré cambiar.
—¿Qué te parece esto? —le pregunto, sosteniendo un catálogo de flores que estaba en mi escritorio—. Pensaba que un ramo de rosas podría ser un buen gesto.
Había estado pensando en mis errores con Trish, y mientras más me daba vuelta en la cabeza, más convencido quedaba de que yo no la merecía y que ella… no me perdonaría.
Habían pasado casi tres semanas desde que asumí mis sentimientos, luego de eso no supe qué hacer, me paralizó su rechazo.
Ag