—Tengo los labios rotos—se quejó Nico—, cómo pega el condenado. ¿Y cómo demonios es que tú no tienes casi golpes?
—En el abdomen, más que nada. Me duelen los costados. Es rápido, pero no logró darme muchos golpes en la cara.
—¿Y cómo…? ¿Cómo veías?
—Ya, te preguntas si soy medio ciego como es que recibí menos golpes. Verás, tengo un ojo muy bueno, el otro no, solo tengo que cerrar uno para concentrar la visión, además voy moviendo mi cara para abarcar más con un solo ojo, en esos movimientos él