—Tengo los labios rotos—se quejó Nico—, cómo pega el condenado. ¿Y cómo demonios es que tú no tienes casi golpes?
—En el abdomen, más que nada. Me duelen los costados. Es rápido, pero no logró darme muchos golpes en la cara.
—¿Y cómo…? ¿Cómo veías?
—Ya, te preguntas si soy medio ciego como es que recibí menos golpes. Verás, tengo un ojo muy bueno, el otro no, solo tengo que cerrar uno para concentrar la visión, además voy moviendo mi cara para abarcar más con un solo ojo, en esos movimientos él no lograba pegarme.
—Pareces un chef de un barco pirata. ¿Por qué no te pones un parche?
—¿Y una pata de palo?
—Si eso quieres…
—Idiota.
—De verdad, te ves bien. Te ves… más varonil. Un poco de cicatrices en la cara y ya pareces otro. ¿Cómo lo llevas?
—Así como ves.
—¿No tiene otra solución tu ojo? ¿Y si te cambias de ojo?
—No lo he pensado. Acabas acostumbrándote.
—¿A perder la visión de un ojo? No lo creo. A todo eso, ¿crees que vale seguir con tu cruzada contra Daniele?
—No llevo una cruzada