Daniele se había ido, no llegaba hasta dentro de un par de días y aún después de eso tenía que marcharse otra vez.
Gio no pensó que las cosas fueran a resultar de esa manera, sí lo imaginó con Fiorella, pero ¿Con Daniele? Lo creyó más racional, pero definitivamente no lo estaba siendo.
Sentado en la mesa, las cosas ya habían sido pautadas y luego de una reunión de casi tres horas, la conclusión de ambas partes coincidía.
Miraba la suma, era mucho dinero, dar el apellido a sus dos hijos le costaba una suma millonaria que dejaba a Fiorella con un gran beneficio.
Pero él estaba dispuesto a pagar el precio, no retrocedería con eso.
La cabeza le dolía, no sabía si por toda la discusión de esa mañana entre él y Fiorella o por la cantidad de dinero que saldría de su bolsillo para que su exmujer se quedara con ello.
—Maldita sea—la miró frente a él.
Ella levantó sus ojos hacia Gio, no parecía pensar nada, su mirada se veía lejana, ella también, pese a estar sentados uno al lado del otro.
—Fir