“Me tomó de tal manera, que la locura sobrepasó sus límites y mi cerebro se rindió al placer, me amó con tanta intensidad, que cada letra de su nombre estaba incluso grabada en mi alma. Y mi piel, mi cuerpo, no podrían ser capaces de sentir otra cosa que no fuese a Daniele, sus besos, sus caricias. Se entregó a mí por completo y yo recibí todo lo que él me brindó. Incluso pedí más.”
Y fue ahí justo cuando cometió el error.
Error del que solo fue consciente aquella madrugada cuando se levantó al baño.
¡Todo le escocía!
Sentía que sus piernas habían sido arrancadas y luego colocadas, pero de mala manera, cada paso que dio hacia la cama fue casi un tormento, volver a acostarse fue como llegar de una sesión intensa de ejercicio de piernas, donde la destruían por completo.
“¡Maldito anciano!” pensó al tiempo que sonreía y se giraba hacia él para mirarlo. Dormía tan tranquilo que daba gusto quedarse viéndolo.
Se acercó despacio y se acurró pegada a su cuerpo, volviendo a quedarse dormida.
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