SERENA
Son las seis de la tarde, y estoy sentada en el borde de mi cama, los ojos aguados, la tarjeta de La Brasa Oculta quemándome desde la mesa de noche. Estoy lista, el vestido negro ajustado, el pelo suelto, los tacones esperando junto a la puerta, pero mi cuerpo no se mueve. No sé si voy a ir, no sé si puedo enfrentar a Dante, no después de todo. Verlo de nuevo… se supone que lo dejaría atrás, que lo enterraría junto con los pedazos de mi vida que Damiano destrozó. Pero aquí estoy, atrapad