SERENA
Han pasado un par de horas desde que trajeron a Dante a esta habitación después de la cirugía, y yo no me he movido, sentada junto a su cama, mirando su cara pálida bajo las luces tenues del hospital.
Los monitores pitan lento, un ritmo que me mantiene anclada, pero mi cuerpo está agotado, mis ojos ardiendo de tanto contener las lágrimas. Durante este tiempo, han entrado y salido médicos, sus voces bajas y urgentes mientras le hacían estudios adicionales. Uno de ellos, un hombre mayor co