Nico
Me paro frente a la puerta de Chiara, respirando hondo antes de tocar. No es que esté nervioso, claro que no, pero sé que esta conversación no va a ser como las otras. Con Chiara siempre ha sido un juego. Yo la molesto, ella me lanza una de sus respuestas rápidas, y seguimos como si nada. Pero hoy… hoy va a ser diferente.
Toco la puerta y espero. No pasa mucho tiempo antes de que Chiara abra, con esa media sonrisa que siempre lleva cuando está a punto de decir algo que le va a gustar más a ella que a mí.
—Vaya, vaya, ¿qué te trae por aquí? —dice, cruzándose de brazos, claramente esperando divertirse a mi costa.
—¿Vas a dejarme entrar o pretendes hacerme quedar aquí como un imbécil? —le lanzo con mi típico aire de superioridad, aunque sé que a ella no le afecta en lo más mínimo.
—Pasa, pasa, el rey de los mujeriegos ha llegado a mi humilde morada —contesta, rodando los ojos mientras me abre espacio.
Nos sentamos en la sala, y sé que tengo que empezar la conversación de una vez, pe