Trish
Chiara entró en la oficina y yo ni siquiera me di cuenta. Estaba sentada en mi escritorio, mirando el número de Nico en mi teléfono como una tonta. Mis dedos jugaban distraídamente con el borde de mis labios, recordando su beso. ¿Debería llamarlo para darle ese beso que le debo?
Pensé en su sonrisa cuando me lo pidió, en su voz, en la forma en que me miró.
¿De verdad… estaba enamorado? Espero que no crea que yo me trague esa tontería.
Mi mente daba vueltas en círculos, debatiendo si marca