Trish
Chiara entró en la oficina y yo ni siquiera me di cuenta. Estaba sentada en mi escritorio, mirando el número de Nico en mi teléfono como una tonta. Mis dedos jugaban distraídamente con el borde de mis labios, recordando su beso. ¿Debería llamarlo para darle ese beso que le debo?
Pensé en su sonrisa cuando me lo pidió, en su voz, en la forma en que me miró.
¿De verdad… estaba enamorado? Espero que no crea que yo me trague esa tontería.
Mi mente daba vueltas en círculos, debatiendo si marcar su número o no.
—Trish… —Chiara carraspeó, haciéndome sobresaltar. Me sentí algo avergonzada al darme cuenta de que no había escuchado cuando entró.
—Chiara, lo siento —dije rápidamente, soltando el teléfono y poniéndolo boca abajo sobre el escritorio, como si eso pudiera borrar lo que acababa de pasar por mi cabeza.
Chiara sonrió, con esa expresión que siempre lleva cuando sabe que está a punto de decir algo que me incomodará.
—Daniele cumple años la próxima semana y vamos a celebrarlo en una