Quédate.
Las palabras flotan frente a mí como si no pertenecieran a este mundo. Como si yo misma ya no perteneciera a este cuerpo que tiembla, que se derrite lentamente sobre el frío suelo del baño.
"No era él."
El papel amarillo está pegado torcido en el espejo. Mis dedos tiemblan, queriendo tocarlo, pero sabiendo que si lo hago, el mundo entero podría estallar.
Mis piernas se niegan a sostenerme, no siento mis pies sobre el piso. Solo el mensaje, clavado en mi cerebro, y la sensación de que todo está