No Era Él.
Caelan me toma por los brazos apenas llega a mí, como si tuviera derecho a hacerlo. Como si mi cuerpo le perteneciera, como si yo fuese algo que él puede revisar, inspeccionar, asegurar.
Sus manos están calientes, demasiado calientes, para lo fría que estoy yo. Un choque térmico, un contraste violento. Calor invadiendo mi piel helada.
Y, sin embargo, mi primer impulso no es agradecer. Es retroceder.
—Elara, ¿qué pasó? —pregunta con la respiración agitada, como si hubiese corrido.
Su voz suena a