Madre.
Siempre creí que lo más peligroso del sistema era su capacidad de anticipación: su habilidad para proyectar escenarios, calcular riesgos y decidir qué piezas debían moverse para garantizar estabilidad.
Pero estaba equivocada.
Lo más peligroso no era lo que preveía, era lo que descartaba.
Volví al modelo sola.
No en una sala oficial ni en una reunión con el consejo. Lo abrí desde mi acceso estratégico, en la quietud incómoda de la madrugada, cuando la casa estaba en silencio y el único sonido co