El Enemigo que no Tiene Nombre.
No llegó como una amenaza, llegó como una solución. Eso fue lo que más me desconcertó después, cuando empecé a revisar mentalmente cada gesto, cada palabra, cada silencio.
Porque no irrumpió, no exigió, no impuso nada. Simplemente apareció en el punto exacto donde el sistema empezaba a mostrar grietas más grandes de las que yo podía contener sola.
Su nombre apareció primero en un correo reenviado.
Nada directo, nada personal. Un “ponte en contacto con”, un “puede orientarte”, un “nos ayudó en s