La Propuesta.
Hay noches que no se anuncian como importantes. No traen música distinta, ni luces más cálidas, ni una sensación clara de expectativa. Son noches comunes que, sin pedir permiso, se convierten en puntos de quiebre. Esta es una de esas.
Estoy sentada frente a Nora, con una copa a medio beber, escuchando solo la mitad de lo que dice, decidimos quedarnos.
No porque no me importe, sino porque algo en el aire está desacomodado. No sabría explicarlo de otra manera: el restaurante funciona, la gente ha