La Silla Vacía.
No voy al baño porque lo necesite, voy porque no puedo quedarme sentada.
Hay una inquietud que no se resuelve con esperar. Una presión leve en el pecho que no se va con respiraciones profundas ni con racionalizaciones. Nora sigue sentada, inmóvil, como si entendiera que este es un trayecto que tengo que hacer sola.
—Voy un momento —le digo.
Ella asiente sin preguntar a dónde, no hace falta.
Camino entre mesas que ya no me importan. Risas ajenas, copas que chocan, platos que llegan y se van.
El