El Costo del que Nadie Habla.
Aceptar no fue un acto puntual, fue una acumulación de pequeños gestos que, vistos por separado, parecían razonables.
Una firma aquí, una sugerencia escuchada allá, una reunión a la que asistí aunque no figuraba en mi agenda.
Nada que pudiera señalar como traición, nada que sonara a rendición. Y, sin embargo, el efecto fue inmediato.
Quinn Design empezó a mejorar.
No de manera espectacular, no con titulares estridentes, sino como mejoran las cosas cuando el sistema decide dejar de resistirse.
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