Después de Lina.
La mañana siguiente no llega como un golpe. Llega como una continuidad incómoda, como si el mundo hubiese decidido seguir exactamente igual solo para demostrarme que nada se detiene por una ausencia.
Me despierto con la sensación de haber olvidado algo importante, ese tipo de vacío que no se nombra de inmediato porque el cuerpo todavía no entiende qué perdió.
El lado de la cama está frío.
No porque Dorian no haya dormido conmigo, sí estuvo, sino porque el frío no viene de la falta de calor hum