Con un Pie Afuera.
Lina no debería haber venido a mí, eso es lo primero que pienso cuando veo su nombre aparecer en mi teléfono, sin aviso previo, sin contexto, sin la cortesía mínima de un “¿podemos hablar?”.
Solo su nombre, vibrando en la pantalla como si el aparato mismo estuviera nervioso.
No contesto de inmediato.
No porque no quiera, sino porque algo en mi cuerpo se tensa antes incluso de que mi mente formule una respuesta.
Es una reacción que ya reconozco: la sensación de que una verdad está a punto de ser