Amenaza Directa.
La mañana empezó con una calma que enseguida me hizo desconfiar. El cielo estaba cubierto por un gris plano, opaco, que parecía aplastar todo lo que tocaba.
Apenas bajé del auto, algo en el ambiente me empujó a tensar los hombros. El tipo de sensación que se instala en la nuca, como si alguien respirara detrás de ti.
Noah dormía en mi hombro, tibio, tranquilo, ajeno al veneno invisible que se había ido acumulando alrededor del estudio.
Yo no lo estaba. Desde ayer, después de aquel mensaje anóni