Advertencia Privada.
El mensaje no llegó a mí, eso fue lo primero que entendí.
No apareció en mi teléfono, ni en mi correo cifrado, ni en ninguno de los canales que había aprendido a vigilar desde que todo empezó. No hubo remitente desconocido, ni asunto ambiguo, ni archivo adjunto que pudiera rastrear.
Llegó a través de Noah.
Más exactamente: a través de su escuela.
Fue una notificación rutinaria, de esas que uno aprende a leer en automático mientras piensa en otras cosas.
Un correo institucional, con el logo en e