Correción.
No fue un colapso, eso fue lo más inquietante.
No hubo gritos, ni caídas, ni miradas alarmadas buscando asistencia. No hubo sirenas ni comunicados posteriores. Nadie abandonó el salón. Nadie pronunció la palabra incidente.
Fue apenas una frase.
Una desviación mínima, casi imperceptible, de esas que en cualquier otro contexto habrían pasado por excentricidad o cansancio. Una imperfección humana.
Pero en Caelan… no.
El evento era uno de esos encuentros cerrados que la familia Vance organizaba con