Lo que no se Hereda.

Nora llegó sin avisar.

No porque no supiera cómo avisar, sino porque entre nosotras nunca fue necesario.

Desde chicas habíamos aprendido a leer los silencios del otro como si fueran llamados explícitos.

Si una aparecía en la puerta de la otra sin previo mensaje, era porque el cuerpo había llegado antes que la cabeza.

Estaba cansada. No agotada físicamente, sino cansada de ese modo que no se arregla durmiendo.

Traía el abrigo mal cerrado y el pelo recogido de cualquier manera, como si hubiera sa
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