Eva sabía que le tenía preparadas más sorpresas.
— Aquí está, toda tuya para ser utilizada, mi querida dueña, si la deseas, ven y sírvete tú misma – se agarró la polla con firmeza en la base y la apuntó justo a la entrada rosada.
— Henry…
— Espero por ti, Eva, te doy tres segundo, lo tomas o lo dejas, uno – comenzó a contar para presionarla – dos y … Sshshhh tres… Mmm
Gimió al sentir la deliciosa succión de la vagina de Eva sobre su miembro, que fue penetrando poco a poco en esa estrecha fu