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Henry le dijo y con la misma se alejó para acompañar a su esposa, sentada en un banco próximo, dejando al abogado más tranquilo.

No quería exponerla a esto tan desagradable, pero Eva insistió en venir.

— ¿Estás bien mi amor? ¿Tienes hambre? Hoy te levantaste muy temprano, debes estar agotada – la haló a sus brazos y le acomodó la cabeza sobre su hombro.

— Estoy bien, solo, cuando salgamos pasemos por el restaurante que vende esa comida tan deliciosa – Eva le respondió cerrando los ojos, rode
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